¿Confiarías en tu memoria para recrear un hecho traumático, aún sabiendo que podrías recordar todo diferente y puede que lo que creías que era verdad, resulta ser un autoengaño solo para huir de la verdad?; bajo estos cuestionamientos se rige Memento del año 2000, la segunda película del Christopher Nolan que explora la complejidad de la mente humana, contada desde una historia sencilla pero de una forma muy arriesgada que dejara desconcertados a los espectadores que acepten el desafió de resolver su intrincado misterio. 

Desde su escena inicial Memento presenta uno de los temas que serán recurrentes en la filmogarfía de Nolan, el concepto del tiempo, puesto que (alerta de Spoiler), el principio es el final y el final es el comienzo de todo, sí suena un poco filosófico pero ese el encanto de esta cinta. Nuestro protagonista es Leonard Shelby, un hombre que trabajaba como investigador de seguros y que tiene como propósito, encontrar y matar al asesino de su esposa, sin embargo, tiene un grave problema para hacerlo.

La noche en que su mujer fue violada y asesinada él sufrió un fuerte golpe en la cabeza, provocando que sea incapaz de formar nuevos recuerdos, esta enfermedad se conoce como amnesia anterógrada e impide que el paciente formule nuevos recuerdos después de un evento particular, sin embargo eso no impide recordar su vida previa, pero con la desventaja de olvidar todo lo que hace casi al instante, teniendo que recurrir a tatuajes, notas, fotografías instantáneas, con tal de mantenerse enfocado y cumplir su meta, aunque no todo es lo que parece.

Para esta película Nolan desafía al espectador a resolver este peculiar rompecabezas mediante el uso de dos líneas de tiempo: una en blanco y negro, con un montaje lineal y narrado en “voz en off” por el protagonista donde se da más detalles de su enfermedad y su vida anterior, mientras que para la línea a color, el director utiliza un montaje invertido es decir, hacia atrás.

En ella se hace uso de planos subjetivo, persiguiendo constantemente a Leonard, reforzando que todo lo que el público ve es desde la perspectiva de Leonard, por lo que tenemos la misma información que él conoce ni más ni menos y es aquí donde está una de las trampas colocadas por Nolan ¿hasta qué punto debemos confiar en lo que Shelby está contando sabiendo su problema de memoria?
Hay una escena que refuerza este punto cuando Leonard está hablando con Teddy, un agente de la ley asignado a investigar la muerte de su esposa, donde Shelby menciona que la memoria “puede cambiar la forma de una habitación, puede cambiar el color de un coche. Y los recuerdos pueden distorsionarse. Son sólo una interpretación, no un registro, y son irrelevantes si se tienen los hechos”

Recuerda a Sammy Jankis


Es tanta la fe de Lenny en los hechos que se olvida que incluso estos mismos pueden ser manipulados si nuestra memoria selectiva elige en que creer y por consiguiente puede llegar a manipularlos, peor si es alguien en la condición del propio Leonard. El giro dramático llega cuando se menciona del caso de Sammy Jankis otro sujeto con amnesia anterógrada al que Shelby conoce cuando vendía seguros.

Después de confirmar la incapacidad de Sammy para aprender nuevas tareas a través de la repetición, Leonard creyó que su condición era psicológica (tal vez fingida) y rechazó el reclamo del seguro de Sammy, esto provocó que la angustiada esposa de Sammy pidiera repetidamente a su marido que le inyectara dosis de insulina para la diabetes, con la esperanza de que él recordara y evitara darle una sobredosis mortal, cosa que resultó en vano puesto que falleció.

Pero lo realmente desgarrador es cuando Leonard descubre que la historia de Sammy es en realidad la suya propia.  Esta revelación viene por parte de Teddy quien cuenta que colaboró con Leonard para acabar con el verdadero asesino y que la historia de Sammy es un recuerdo reprimido de Leonard para  escapar de los sentimientos de culpa.

Además de confesar que ha estado usando a Leonard para cazar criminales bajo el nombre de “John G” ya que debido a su condición es incapaz de recordar que ya ha cumplido su misión. Es a través de esta deconstrucción de lo que creíamos que era real, de cómo nos percatamos que nuestra mente crea recuerdos en base a nuestra conveniencia, si eso significa escapar de una verdad dolorosa o para justificar nuestras acciones.
Tal como lo dice el propio Leonard, “mi esposa merece venganza. No importa si lo sé o no. El hecho de que haya cosas que no recuerdo no hace que mis acciones carezcan de sentido”, las falsas verdades y las justificaciones a medias componen este complejo juego mental.
En lugar de tatuarse y olvidar todo, elige olvidar y encontrar a un culpable que no existe, todo porque le es imposible aceptar la verdad y elimina esos datos para moldear una realidad que se ajusta a su deseo de venganza, sin importar quien sufra, una salida hasta cierto punto fácil, pero que funciona para cuestionarnos lo realmente importante.

¿Cómo sabemos que es real? ¿Hasta qué punto está bien engañarnos a nosotros mismos? ¿Nos mentimos a nosotros mismos para ser felices?, en el caso de Leonard sí, porque en lugar de olvidar todo tras enterarse de la cruda verdad, de escribir que hace tiempo vengó a su esposa, decide convertir a Teddy en su nuevo “John G”, reiniciando de esta forma un ciclo de venganza que parece interminable en una historia con una premisa sencilla sin lo vemos en orden cronológico, pero contada a través de una complejidad donde damos más importancia al “cómo se cuenta algo” y no al “qué se cuenta”.