El océano muchas veces es sinónimo de diversión, playa y arena, pero si algo hemos aprendido en los últimos 50 años es que los mayores depredadores yacen en las profundidades y que nunca está de más llevar más de un bote al navegar por altamar, eso es algo que Steven Spielberg enseñaría al mundo cuando dirigió “Jaws” o tiburón en español y que redefiniría lo que hoy en día son los “blockbuster”.
Estrenada en 1975, la película está basada en la novela publicada por
Peter Benchley en 1973 y narra la historia de los ataques de un tiburón blanco
a un pequeño pueblo turístico en una localidad costera, mientras tres hombres
intentan darle caza.
Con un presupuesto de tres millones la cinta fue dirigida por un
entonces joven Spielberg que contaba con solo dos películas en su currículum,
pero con críticas favorables. No obstante, la juventud del director (26 años),
generaba ciertas dudas a los ejecutivas de Universal Pictures, pero afortunadamente
así le dieron su voto de confianza.
En cuanto al elenco, lejos de lo que muchos pensaban Spielberg optó por
un reparto poco conocido dentro de la industria, ya que no quería eclipsar al verdadero
protagonista: el tiburón. Es por ello que para los actores principales fueron
elegidos Roy Scheider como el jefe de policía Martin Brody, Robert Shaw como
Quint, un cazador de tiburones y Richard Dreyfuss como el oceanógrafo Matt
Hooper.
Definido el elenco, empezaría uno de los rodajes más caóticos y problemáticos
que alguna vez se hayan visto en el cine. Empezando por el presupuesto que como
se había dicho, inicialmente era de tres millones pero se terminó disparando a
nueve, sin mencionar que el plazo de rodaje se extendió a más de 159 días.
Otros desafios implicaron a los constantes cambios meteorológicos que
impedían rodar cada vez que el barco debía aparecer en pantalla. Pero quien se
llevó el premio mayor en lo que a caos se refiere fue como no, el tiburón.
Para representar al temido escualo, se construyeron varios robots que
rara vez funcionaban debido a que el contacto con el agua salada averiaba los
mecanismos. Irónicamente estos obstáculos supusieron una de las grandes
fortalezas de la película: el suspenso.
A veces menos es más
Al verse imposibilitado de contar con su estrella, Spielberg optó por
poner en práctica sus conocimientos cinematográficos y en vez de mostrar
físicamente al animal, eligieron dejar a la imaginación del público su
presencia mediantes trucos de cámara, objetos y sobre todo la música compuesta
por John Williams.
Muestra de esta maestría de dirección se ve al inicio de la película,
cuando de entre un grupo de jóvenes alcoholizados, dos de ellos se separan para
tener un momento íntimo en el mar sin saber que lamentarían esa decisión.
Los protagonistas en cuestión son un joven y una chica que corren a la
playa despojándose de sus ropas, mientras la muchacha se adentra en las oscuras
aguas, su acompañante víctima de alcohol, no puede seguirla y la deja a su
suerte en la soledad del océano.
Lo que viene a continuación dejó sin aliento a los espectadores en el ya
lejano verano del 1975. Por medio desde un punto de vista subjetivo, aludiendo
a la visión del tiburón, la joven es atacada de manera violenta desde el fondo
de las aguas, mientras emite gritos de dolor en un intento vano de pedir ayuda.
Posteriormente la víctima es arrastrada a las profundidades y ya no la volvemos
a ver, al menos no completa, porque en la escena siguiente los restos de su
cuerpo desmembrado llegan a la playa cubiertos de algas.
Todo esto ocurre sin que el atacante muestre su rostro, demostrando que
se puede lograr mucho a pesar de contar con pocos recursos, si detrás de la
cámara está el hombre correcto. La música es otro factor que no puede quedar
fuera de la ecuación y es que sin la banda sonora de Williams, el impacto, la
incertidumbre y sobre todo la tensión de no saber en qué momento atacará la
criatura no se percibiría de la misma manera.
Otro ejemplo de la sincronía entre director y compositor se ve en las
escenas en que el tiburón está a punto de devorar a sus víctimas. Como se
explicó anteriormente, Spielberg hizo gala de la magia que sólo el cine puede
ofrecer, para dar entender que la criatura estaba al acecho aunque no se
mostrará físicamente.
En eso la música de Williams jugó un papel clave ya que cada vez que se
escuchaba el tema principal de la película, el público sabía que el tiburón
rondaba por los alrededores. Pero quizás lo que más se recuerde de la cinta es
su enorme legado no solo al consagrar a uno de los mejores directores que el
cine ha visto, sino por la revolución que trajo para el concepto de los
“blockbuster”.
Entendemos por “blockbuster” cuando queremos describir a aquellos proyectos
que gozan de gran popularidad y éxito. Pero este término no existiría de no ser
por el éxito de Jaws, amtes de su estreno los estudios rara vez estrenaban
películas en el verano norteamericano, pero todo cambió con el impacto que tuvo
la cinta en los bañistas que rápidamente corrieron a las salas de cine.
Fue tanto el impacto de Jaws que rápidamente recaudó más de 470 millones
de dólares en ingresos globales, cifra nunca antes vista en una producción
cinematográfica. Pero la cosa no termina ahí, su éxito también fue producto de una
campaña de marketing moderna para la época, en donde se promocionaba el filme
con anuncios alusivos al tiburón en horarios de mayor audiencia, lo que motivo
al público a ir a verla.
En una opinión más personal, el mayor legado que Jaws dejó con su
estreno, además de consagrar a Steven Spielberg, fue demostrar que una
superproducción no tiene porqué renunciar a la calidad de su historia. Sobre
todo en la época en que nos encontramos, en donde los estudios han priorizado
el espectáculo visual a la narrativa, Jaws dio muestra que ambos factores
pueden ir perfectamente de la mano.

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