"Desde que tengo memoria, siempre quise
ser un gánster" con este icónico diálogo daba inició una de las obras
maestras del cine de gánsteres y del director Martin Scorsese. Estrenada en
1990, "Godfellas", narra la vida de Henry Hill (Ray Liotta) dentro
del mundo criminal, en una experiencia narrativa que nos recuerda lo rápido que
uno puede pasar del cielo al infierno con una serie de malas decisiones.
El inicio de la película presenta el ascenso
de Henry dentro de la mafia, así como de su fascinación por el estilo de vida
de estos personajes, donde la gloria y el poder lo son todo. Al elenco se
sumarán Jimmy Conway (Robert De Niro) y Tommy DeVito (Joe Pesci), en una
explosiva trinidad con la que nadie quisiera enemistarse.
La cinta pudiera ser concebida como la
"romantización del gangster", ya que en buena parte de ella, vemos a través
de Henry las facilidades y lujos que este mundo puede ofrecer. Desde regodearse
en restaurantes de lujos, autos caros, joyerías, mujeres y más dinero de lo que
una persona común pudiera aspirar.
Sin embargo, como más adelante se nos muestra,
nada en esta vida es gratis y las malas acciones tienen un alto precio. Pero ya
llegaremos a ese punto, volviendo a las motivaciones de Henry para convertirse
en gánster, estas pasan por su deseo de estar por encima del resto, ya que
considera que cualquier otra vida que no sea la de un criminal, significaría
degradarse y ser igual que el resto de personas.
Hablando ahora de sus compañeros, tenemos a
Tommy que con su personalidad agresiva, fuerte y explosiva es quien representa
el lado más sádico de un criminal, capaz de asesinar a quien sea solo por un
mal gesto, en pocas palabras un psicópata de manual. Del otro lado tenemos a
Jimmy Conway, cuya personalidad fría y calculadora lo convierten en el más
experimentado del grupo, pero con una mecha igual de corta que no querrás
provocar.
Es curioso como al ver las acciones de estos mafiosos,
lo más común sea que el espectador desee que sean castigados con todo el peso
de la ley, pero es aquí donde Scorsese logra que gracias al carisma de los
actores y lo bien escritos que están sus personajes, el público pueda
simpatizar con ellos.
La violencia familiar es otro aspecto que no
podía faltar en esta cinta y que ya es algo característico del director dentro
de su filmografía, presentar parejas que al inicio viven en un matrimonio feliz
pero que con el paso del tiempo discuten hasta el punto de terminar en agresiones
físicas.
En el caso de Godfellas esto se evidencia con
Henry y su esposa Karen, la cual al comienzo de su relación se ve atraída y
fascinada por los lujos que ofrece su marido, pero al ver que su obsesión por
el trabajo de gánster hace que deje a su familia en segundo plano le hace
replantear abandonarlo.
Sin embargo, como ocurre en otros casos de un
matrimonio abusivo, ella se ve incapaz de abandonarlo y termina por perdonarlo
para continuar a su lado hasta las últimas consecuencias. Con respecto a la
violencia, algo que no puede faltar en una película de esta índole, es manejada
de forma contundente y eficaz, si bien no hay escenas de disparos cada cinco
minutos, es gracias a lo explícito e inesperado de las escenas que la audiencia
queda en shock.
Esto no sería posible, si no fuera por su notable apartado técnico,
donde en varios momentos la cámara pareciera ser un personaje más dentro de la
historia. Un ejemplo de ello es cuando Henry lleva a Karen a un restaurante,
dando comienzo a un plano donde vemos de principio a fin el recorrido que la
pareja hace hasta llegar a sus asientos.
Decisiones que tienen consecuencias
Pero retomando lo que decía al comienzo de la
reseña sobre el precio de las malas acciones, la vida de Henry dará un giro
radical luego de pasar un tiempo en prisión junto al resto de sus colegas
mafiosos.
Para este punto nuestro protagonista, ha
decidido desafiar la autoridad de su jefe Paul Cicero e incursiona por su
cuenta en el mundo de las drogas, jugada que más pronto que tarde le saldrá
fatal y terminará siendo detenido nuevamente por la policía, con la diferencia
de que ahora tomará una decisión que marcará el resto de su vida.
Es de recalcar también que en toda la película
es el propio Henry quien funge como narrador mediante el uso de una voz en off
donde conocemos sus pensamientos, algo poco usual en este género pero que
ofrece una inmersión en el espectador que le ayuda a entender mejor las
acciones de los personajes.
Volviendo con la decisión de Henry, este se ve
acorralado cuando descubre que su compañero Jimmy planea asesinarlo, forzándolo
a entrar en Protección a Testigos para garantizar su seguridad y la de su
familia, a cambio de delatar a todos sus conocidos dentro de la mafia, en un
acto que en los bajos mundo es considerada la más alta traición.
Tras ello la película concluye con el
protagonista viviendo la peor penitencia que a sus ojos le pudo tocar, vivir
como un ciudadano cualquiera donde tendrá que hacer fila en el supermercado y
tener que trabajar para ganarse el sueldo, cerrando su ciclo con esta
demoledora frase: "Soy un don nadie, y viviré el resto de mi vida como un
don nadie".
Con esta obra Scorsese presenta la que es
probablemente la versión más fiel de la mafia vista en una película, donde sus
protagonistas son presentados como lo que son, hombres violentos y sin
escrúpulos capaz de liquidar a cualquiera que se atreva a ir en contra de sus
negocios, incluso si se trata de sus propios colegas.
El director busca reflejar a su vez el precio
de las malas acciones, que aunque al principio puedan parecer atractivas y
seductoras, tarde o temprano terminarán explotando en la cara a quien tome ese
camino. Sino pregúntenle a Henry que luego de una vida lujos y comodidades, la
vida lo castigó con un plato de
tallarines con kétchup, porque no hay peor karma para quien elude a la vida que
verla a los ojos y decirle “y hoy como piensas fastidiarme”.


1 Comentarios
Excelente reseña. Gracias por compartir.
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